La Marina de Estados Unidos trabaja en cambiar el nombre de un portaaviones en construcción que estaba destinado a honrar a Doris Miller, un marinero negro reconocido por sus acciones heroicas durante el ataque japonés a Pearl Harbor, según revelaron tres fuentes familiarizadas con las discusiones internas a los periodistas Haley Britzky y Pamela Brown, de CNN. Durante el primer mandato de Trump, la Marina había anunciado que ese portaaviones de la clase Ford llevaría el nombre USS Doris Miller. Ahora, según dos de las fuentes consultadas, se han generado conversaciones internas sobre la posibilidad de renombrarlo en honor al propio presidente Trump —una medida sin precedentes, ya que nunca antes se ha nombrado un portaaviones con el nombre de un presidente en funciones.
Quién fue Doris Miller y por qué su historia importa
Miller era un marinero alistado que, durante el ataque a Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941, ayudó a defender a las fuerzas estadounidenses pese a no tener entrenamiento formal en el manejo de armamento, en un momento en que la Marina todavía mantenía divisiones raciales estrictas sobre qué funciones podían desempeñar los marineros negros. Se convirtió, con el tiempo, en uno de los símbolos más reconocidos del valor afroamericano durante la Segunda Guerra Mundial.
Un intento paralelo de compensación: la Medalla de Honor
Según reportó NBC News, corroborando la investigación de CNN, la Marina ha dejado de referirse internamente al portaaviones en construcción como USS Doris Miller, y una proclamación reciente de la Casa Blanca sobre el cambio de sistema de catapultas del buque ya se refería a él únicamente por su número de clasificación, CVN-81. Como parte de este proceso, la Marina considera renombrar en su lugar otro buque de guerra en honor a Miller —aunque no está claro todavía si sería otro portaaviones o una embarcación de menor tamaño—, y planea recomendar formalmente su nombre para la Medalla de Honor, la máxima condecoración militar del país por actos de valor. La autorización final de esa distinción corresponde al Congreso y requiere la aprobación del propio Trump.
La reacción de la familia
Thomas Bledsoe, sobrino nieto de Miller, declaró a CNN que la familia no fue informada ni del cambio de nombre del portaaviones ni del nuevo intento de conseguirle la Medalla de Honor a su tío abuelo, pese a que la familia ha trabajado durante años para lograr ese reconocimiento. Bledsoe calificó como “muy positiva” la decisión de la Marina de recomendar la medalla, pero la forma en que se conoció la noticia —a través de la prensa, no de un canal oficial— añade una capa de tensión adicional al episodio. La Marina remitió las preguntas de CNN a la Oficina del Secretario de Defensa, cuyo portavoz indicó que no tenían nada que anunciar por el momento.
Por qué esto importa para la comunidad hispana en Estados Unidos: la forma en que una institución tan simbólica como la Marina decide honrar —o dejar de honrar— a figuras históricas específicas, especialmente cuando se trata de reconocimientos ligados a la lucha contra la discriminación racial dentro de las propias fuerzas armadas, es un indicador relevante sobre las prioridades culturales y políticas de la actual administración. Para cualquier comunidad, incluida la hispana, que también cuenta con su propia historia de servicio militar distinguido y reconocimiento tardío, este episodio específico sobre Doris Miller sirve como un caso de estudio sobre qué tipo de legados históricos reciben prioridad institucional en el clima político actual, y cuáles quedan sujetos a renegociación.
