Un fuerte terremoto de magnitud 7.4 sacudió este lunes 10 de agosto a Colombia, con epicentro en el municipio de San José del Palmar, departamento de Chocó, y se sintió con fuerza en amplias zonas del país e incluso en naciones vecinas como Ecuador, Panamá y Venezuela. El sismo se registró a las 7:34 de la mañana hora local (12:34 GMT), a una profundidad de 82 kilómetros según el Servicio Geológico Colombiano (SGC), que lo calificó como el de mayor magnitud registrado en el país en los últimos diez años.

El presidente Abelardo De La Espriella ofreció durante la tarde el primer balance oficial completo, con cifras considerablemente más altas que los reportes preliminares de la mañana. “A las 12:30 de hoy teníamos 111 fallecidos, 87 heridos, 1.575 viviendas averiadas, 37 viviendas completamente destruidas, 61 edificios colapsados, 18 centros de salud averiados, 51 centros educativos averiados, 18 vías averiadas, seis aeropuertos afectados”, detalló el mandatario, quien advirtió que “es probable que las cifras aumenten con las horas” a medida que avanzan las labores de rescate y verificación en el terreno.

El propio alcalde de Cali, Alejandro Eder, confirmó por su parte la muerte de al menos 15 personas en esa ciudad específicamente, una de las más afectadas por el sismo junto con Pereira, Manizales, Quibdó y Armenia —la llamada zona cafetera del país—. Según un reporte de la Asociación Colombiana de Ciudades Capitales (Asocapitales), difundido tras un comité extraordinario de desastres, la mayor concentración de fallecidos hasta ese momento se registraba en el departamento de Risaralda, con 40 muertos, seguido por el Valle del Cauca con 27 y Chocó, el propio epicentro, con 4. Las cifras de esa fuente, anteriores al balance presidencial de las 12:30, ilustran la rapidez con la que el número de víctimas fue creciendo a lo largo de la mañana.

Ante la magnitud del desastre, el Gobierno colombiano declaró oficialmente la situación de desastre de carácter nacional. “Se acordó declarar la correspondiente situación de emergencia, que será suscrita en el transcurso del día. Nos servirá para atender de la manera que corresponde este desastre natural. Así mismo, se conformaron equipos de trabajo, cada uno encabezado por un ministro y el vicepresidente”, explicó De La Espriella tras una reunión de urgencia convocada en Bogotá. El mandatario dio además una instrucción directa a sus equipos: “He dado una orden. Lo primero es el rescate de las personas que están bajo los escombros”.

Hay un detalle que le añade una dimensión particular a esta emergencia: De La Espriella apenas había asumido la presidencia de Colombia tres días antes del terremoto, en una ceremonia de investidura celebrada el pasado 7 de agosto precisamente en Cali, una de las ciudades hoy más golpeadas por el sismo. El nuevo mandatario enfrenta así, en la primera semana de su gobierno, una emergencia nacional de gran escala, sin el margen habitual de adaptación con el que suele contar cualquier administración entrante. El propio presidente anunció que viajará personalmente a Quibdó, la capital de Chocó y la ciudad más cercana al epicentro, para evaluar la situación de manera directa, mientras el vicepresidente y varios ministros se desplazarán hacia Pereira y Cali para coordinar la respuesta en esas zonas.

De La Espriella también dirigió un mensaje directo a las comunidades afectadas, buscando transmitir cercanía en medio de la tragedia: “Me duele profundamente lo que están viviendo las familias (…) No están solos. Tienen un Presidente al que le duele su gente y que hará todo lo necesario para protegerlos, acompañarlos y sacar adelante, juntos, a las regiones afectadas”. El mandatario aseguró que el Estado colombiano se encuentra “unido, coordinado y en acción” para proteger la vida de los ciudadanos, e informó que se están desplegando soldados hacia las zonas más afectadas del país como parte de la respuesta oficial.
Gobiernos de la región ya empezaron a manifestar solidaridad con Colombia en las horas posteriores al sismo. Venezuela, donde también se sintió el movimiento telúrico, ofreció formalmente el envío de rescatistas y ayuda humanitaria a través de su canciller Félix Plasencia, un gesto que documentamos en detalle por separado y que llega apenas seis semanas después de que Colombia enviara su propia ayuda a Venezuela tras los terremotos de junio. Ecuador y Panamá, donde el sismo también se percibió con menor intensidad y sin reportes de daños significativos, expresaron igualmente su disposición a colaborar si las autoridades colombianas requieren apoyo internacional adicional.
En Bogotá, pese a la distancia considerable del epicentro, las autoridades locales activaron de inmediato protocolos preventivos. El Instituto Distrital de Gestión de Riesgos y Cambio Climático (IDIGER) inició un barrido de verificación en todas las localidades de la capital para descartar afectaciones estructurales, según confirmó el propio alcalde de la ciudad, Carlos Fernando Galán, a través de sus redes sociales oficiales. Colombia, según registros históricos que datan de 1900, ha experimentado al menos 17 terremotos de magnitud superior a 7 en su territorio, lo que sugiere que eventos sísmicos de esta escala ocurren, en promedio, cada 5 a 10 años en el país.
Por qué esto importa para la comunidad hispana en Estados Unidos: Colombia es uno de los países de origen con mayor presencia de inmigrantes y ciudadanos naturalizados en Estados Unidos, y un evento de esta magnitud —con más de cien fallecidos confirmados, decenas de miles de viviendas y edificios afectados, y un presidente que apenas lleva tres días en el cargo enfrentando la primera gran crisis de su gobierno— toca directamente a cientos de miles de familias colombianas en el exterior que en este momento intentan comunicarse con sus seres queridos para confirmar su estado. Esta sigue siendo una situación en desarrollo: el propio presidente ya advirtió que las cifras de víctimas probablemente sigan aumentando en las próximas horas, y es previsible que la evaluación completa de daños estructurales tome varios días adicionales conforme avancen las labores de rescate en las zonas más afectadas.
